Alimentación “plastificada”

El plástico se ha colado en nuestro día a día de tal forma que es muy complicado librarnos de él, y más después de dos siglos de uso. Su producción masiva para todo tipo de envases ha provocado que la mayoría de los alimentos que consumimos estén contaminados. El plástico es un material peligroso para la salud: los envases plastificados desprenden partículas contaminando los alimentos, además de que muchas especies marinas se alimentan de este material que contamina, a su vez, los océanos de forma masiva, perjudicando, finalmente, nuestra salud.

Según alerta un informe de la ONU sobre “el estado mundial de la agricultura y la alimentación” en 2016, el intestino puede ingerir sin problemas un 90% de los microplásticos o partículas que ingerimos de muchos alimentos. Pero el problema viene cuando ese 10% restante puede pasar del torrente sanguíneo a los riñones o al hígado, provocando enfermedades graves, tales como el cáncer. La alimentación “plastificada” es una realidad, y son muchos los alimentos contaminados, pero ¿cuáles son los más afectados?

La mayor parte del plástico que llega a  nuestro organismo proviene de alimentos y bebidas comunes. Lo podemos encontrar en la miel, el azúcar, la sal, mariscos, agua embotellada o del grifo, en la cerveza y refrescos, o en alimentos procesados, entre otros. La lista es amplia, pero el pescado es uno de los más contaminados por la polución marina. El mercurio es la contaminación marina que más afecta a los ecosistemas marinos, pero no es la única: pueden ser miles los microplásticos que consumen las especies marinas sin que sean percibidos, a simple vista, por la humanidad.

En los moluscos, la contaminación plástica también es bastante notoria y, a pesar de que deben someterse a un análisis y depuración apta para el consumo humano, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha detectado microplásticos en un 70% de los alimentos que consumimos, sobre todo en mejillones, almejas y chirlas.

El plástico es un problema que a la humanidad le cuesta admitir, ya que empieza a parecerse al problema del cambio climático. Se debería hacer algo contundente para resolverlo. En este sentido, es primordial una estricta regulación por parte de los gobiernos en el procesado y depuración de alimentos, ya que hemos pasado a una alimentación “plastificada” con graves riesgos para la salud a largo plazo, sin poder garantizar una salud plena en el futuro.

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